Liberarse de la obsesión por viajar
Esos lugares de frío extremo, de calor extremo, de alturas y profundidades extremas. Esos aires exóticos, esas particularidades de cada pueblo. Esas civilizaciones que un día resplandecieron, esos países desarrollados.
Esos lugares con los que soñé incontables veces durante la adolescencia y la juventud.
Esos maravillosos sueños construidos, ¿qué insinúan? ¿Cuál es su coste? ¿Qué precio se paga? A menudo, todo se reduce a un acto de consumo. ¿Qué estoy consumiendo? Mi propio sudor y mi propia vida.
Antes daba importancia a viajar, sobre todo como una forma de combatir el veneno con veneno: recurrir a la poesía y a los horizontes lejanos para salir de la vida de siempre y volver a examinar la existencia, abandonar una búsqueda exterior aún más tóxica y pasar de una escala de valores lineal a una pluralidad de valores. Gracias a mi obsesión por viajar, ya he superado esa etapa.
Viajar es salir en busca de libertad y sosiego, pero el viaje a menudo me impide encontrarlos. Viajar es ocio, pero el verdadero ocio consiste en no tener deseos ni exigencias, ni preocupaciones ni inquietudes. Cultivar el ocio es cultivar la inmortalidad. La libertad y el sosiego nacen de buscar en el interior. No dar valor a los bienes difíciles de conseguir.
¿Qué voy a ver, qué busco?
Lo único que quiero es la naturaleza apacible de un parque, la sencillez, la bondad, la autenticidad y la belleza de las personas, e ingredientes sencillos, aromáticos y sabrosos. Todo eso lo tenemos en nuestra pequeña ciudad. Si en el día a día tengo tiempo y dinero para pasear más por el pequeño parque que hay al pie de mi edificio y comer unas cuantas veces más una olla caliente de ternera, ya está muy bien.
La puesta de sol sobre una montaña nevada y sagrada es tan hermosa como la que veo en nuestra pequeña ciudad. La belleza de la naturaleza es la misma en todas partes; la unidad entre el ser humano y la naturaleza depende, sobre todo, del grado de quietud interior de cada uno. Al aquietarse, se puede oír la música de la naturaleza.
Si el paisaje de aquí no me satisface, ¿dónde encontraré satisfacción?
Si este lugar y este momento no son la otra orilla, ¿hasta cuándo tendré que buscar para llegar a verla?
Si no alcanzo la iluminación aquí y ahora, ¿cuándo la alcanzaré?
Textos anteriores
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