Sobre pasear sin rumbo
Pasear un rato da gusto; seguir paseando sigue dando gusto.
Estos años he escrito a menudo que no podemos dar consejos a los demás. También suelo decir que los únicos consejos que puedo dar son escribir un diario y pasear sin rumbo: son sencillos y dan buenos resultados. Hoy, la única «receta» que doy a mis clientes de pago también consiste en esas dos cosas.
En estos dos últimos años también me he dado cuenta de que ninguna de las dos es tan sencilla: requieren energía mental y condiciones que las hagan posibles.
Pasear sin rumbo encarna lo esencial de la meditación y de la «práctica espiritual», así como lo esencial de la plenitud innata y del vínculo con la unidad entre el cielo y el ser humano en la filosofía de Zhuangzi.
Pasear sin rumbo es dejarse llevar. Sin esfuerzo, sin práctica espiritual, sin deliberación.
Pasear sin rumbo es permitir. Permitir todas las emociones negativas. Permitir todos los vínculos positivos. Permitir todo lo que sucede a nuestro alrededor.
Pasear sin rumbo es concentrar las energías. No es mucho lo que podemos hacer, ni lo que necesitamos hacer, ni la energía de la que disponemos; concentramos esa energía en cuidarnos. Disciplina, concentración y sabiduría.
Pasear sin rumbo es dejar que el caballo vaya adonde quiera, ser una barca sin amarras. Zhuangzi habla de los caballos: por naturaleza son libres y desbocados; Bole les pone riendas y los azota, y les arrebata la libertad.
Pasear sin rumbo es la utilidad de lo inútil: no tener nada pendiente es vivir como un inmortal; no tener preocupaciones ni inquietudes es la alegría suprema.
Pasear sin rumbo es la capacidad de la incapacidad. A menudo parte de un profundo sentimiento de impotencia, pero conduce al vagar libre y despreocupado.
Pasear sin rumbo es dejar que las cosas sigan su curso natural. La naturaleza propia sana de forma espontánea. Nuestra hermana mayor, la libido, establecerá de forma natural vínculos con energías positivas: uno mismo, la naturaleza, la sociedad, el universo. Gobernar mediante la no acción.
Pasear sin rumbo es un gran vínculo; el vínculo es algo natural, y forzarlo es desviarse.
Pasear sin rumbo es establecer un vínculo con el cuerpo: su cansancio, su dolor, su júbilo; el cuerpo quiere contarnos algo.
Pasear sin rumbo es establecer un vínculo con la libido. Dejarse llevar es seguir sus ganas: adónde ir, cómo sentirse, qué canción tararear, todo depende de ella. Es darse cuenta del caos y la inutilidad del pensamiento consciente, y del poder de la intuición y la conciencia de la mente profunda.
Pasear sin rumbo es establecer un vínculo con quien fuimos. Nuestro yo del pasado también paseaba así, a lo largo del río de los años.
Pasear sin rumbo es quererse y cuidarse bien; en realidad, nunca hemos necesitado demasiado.
Pasear sin rumbo es establecer un vínculo con la plenitud innata, sin práctica ni logro espiritual.
Pasear sin rumbo es establecer un vínculo con la naturaleza propia: el instante de conciencia desgarra los nubarrones como un relámpago, y la luz de la naturaleza propia ilumina el mundo entero. Sentarse en el olvido, ayunar el corazón, dejar que el vacío del mundo dé a luz la claridad.
Pasear sin rumbo es establecer un vínculo con el presente. Con el mundo de ahora, con el entorno real, con la tierra y la gente que nos rodean.
Pasear sin rumbo es vivir el presente, hacer pequeñas cosas, concentrar las energías y establecer un gran vínculo: ahí está todo lo esencial de vivir el presente.
Pasear sin rumbo es establecer un vínculo con la otra orilla; la otra orilla está aquí y ahora, en la unidad entre el cielo y el ser humano.
Los proletarios no tienen tiempo ni espacio para pasear sin rumbo, sometidos a las obstrucciones kármicas del capital; los pequeños y microcapitalistas pasean mucho, pero sus obstrucciones kármicas son profundas y sus vínculos, débiles. La alienación humana es la causa de la ruptura de los vínculos y de la crisis existencial. Esa es también la razón por la que muchos jóvenes prefieren repartir comida en una moto eléctrica antes que trabajar en una fábrica: un breve momento de libertad que les queda a los trabajadores de esta época.
Nueve partes de impotencia, pero también una parte de libertad y soltura en un espacio diminuto. Esa es también la visión del destino y de la libertad de la filosofía taoísta.
Todo lo anterior: Marx + Zhuangzi + psicología.