Serie sobre el sí mismo y la psicología
Breve explicación de la proyección y sus tipos
Nota: No soy un profesional, y para este texto tampoco he consultado manuales académicos ni obras de referencia. Muchos pasajes no tienen una fuente formal; se trata únicamente de una recopilación para mi propio uso.
I. La proyección es un mecanismo de defensa habitual
- Principio psicológico
Cuando el sí mismo es débil y frágil, no puede dar cabida a ciertas emociones, dificultades, ideas, etc.; es decir, no logra manejar sus propios asuntos pendientes —por una capacidad insuficiente de contención, de funcionamiento y de contacto con la realidad— ni afrontarlos directamente, pues hacerlo provocaría ansiedad y fragmentación. Por eso, proyecta el «tema» sobre otras personas y alivia esa ansiedad mediante juicios, críticas e incluso induciendo a los demás a atacar o a entrar en interacción.
II. Clasificación
- Juzgar a los demás a partir de lo que uno detesta de sí mismo
Los aspectos internos que a uno le resultan insoportables, que detesta o evita, como el deseo sexual, la lujuria, la violencia, la malicia, la codicia o la hipocresía, se proyectan sobre otras personas, a las que se atribuyen esas características.
Sus funciones son: A. Criticar, aislar y negar —al criticar a la otra persona, se niega que uno también sea así: «negación mediante la proyección»—; B. Justificarse —si todo el mundo es así, también es normal que yo lo sea—.
- Proyección de los propios asuntos pendientes
La ansiedad por los propios asuntos pendientes lleva a pensar que una persona que «parece muy probable» que tenga un problema «similar» lo tiene de forma muy grave. Por ejemplo, cuestiones relacionadas con el aspecto físico, el nivel de estudios, la pobreza, la insignificancia social o el aislamiento.
Los padres a menudo proyectan sus propias ansiedades sobre sus hijos, lo que interfiere con la crianza habitual y acaba generando problemas en los hijos. Un ejemplo sencillo es: hay un tipo de frío que consiste en que tu abuela cree que tienes frío. Una situación frecuente es la ansiedad extrema de los padres por las notas de sus hijos y su posición en la clasificación académica.
Las personas de mediana edad también pueden sentir una ansiedad implícita por su propio estado físico y sus condiciones de vida, sin ser claramente conscientes de ella, y manifestar de forma explícita una gran ansiedad por el estado físico y las condiciones de vida de sus padres: la inquietud y la ansiedad existencial ante la muerte se proyectan sobre los padres.
- Atribución de culpa
Al culpar a la otra persona, se encuentra una «explicación» para el conflicto interno y se convierten los propios asuntos pendientes en asuntos de los demás.
Por ejemplo:
La inquietud psicológica, la violencia y la agresividad se atribuyen a la persecución por parte de otros —trastorno de personalidad límite/paranoide, prejuicios contra determinados grupos, un mundo malvado, personas malvadas de los estratos sociales más bajos, un Leviatán malvado, etc.— o a sus ataques.
La inquietud y la ansiedad psicológicas se atribuyen a que la otra persona no nos quiere —reproches a la persona con la que se sale o a la pareja, acusaciones a los hijos de no cumplir sus deberes filiales— o no se toma la relación en serio.
- Proceso posterior a la proyección
Mediante la proyección se provocan acciones, interacciones y respuestas posteriores de la otra persona, y se utiliza todo ese proceso para aliviar la ansiedad.
Por ejemplo, se proyecta la propia crueldad sobre la otra persona y se consigue despertar su crueldad: «¿Qué miras? —Te miro a ti, ¿qué pasa? —Pelea —Hoy en día la gente está demasiado llena de rabia».
Se proyectan sobre la otra persona la infidelidad y la falta de compromiso afectivo, se consigue inducirla a romper la relación y así se «confirman» las propias sospechas.
Los «silbatos para perros» y el efecto de «luz de gas» del NPD-PUA también presentan situaciones similares —el PUA es intencional y no necesariamente subconsciente—: se desencadenan la «inestabilidad emocional y la destructividad» de la víctima, de modo que quien las provoca acaba pareciendo la víctima.
III. Otros aspectos
A. La proyección también es una de las razones para «insistir en separar los asuntos propios de los ajenos» y en el «crecimiento interior»
Muchas personas tienen límites poco claros, un sí mismo poco sólido, formas de relacionarse poco saludables —tóxicas— y una capacidad insuficiente para contenerse a sí mismas —aceptarse, acoger lo que sienten, permitírselo, etc.— y cuidarse. Es fácil que influyan en los demás mediante la proyección o que se vean influidas por otros mediante la identificación proyectiva. El «desgaste interno» se convierte en «desgaste mutuo».
B. Conceptos relacionados
La «introyección» y la «identificación proyectiva» son dos conceptos relacionados. Ambos son temas amplios que no desarrollaré aquí. La identificación proyectiva, entre otros fenómenos, también es una de las fuentes de las «enfermedades profesionales» habituales entre los profesionales de la orientación psicológica; de ahí el dicho de que las personas sin formación profesional no deben intervenir en los asuntos ajenos ni en las cadenas de causas y consecuencias de los demás.
La transferencia es un concepto que suele confundirse con la proyección. En la transferencia, lo más relevante es que el patrón de relación con un objeto significativo se desplaza hacia una tercera persona; en la proyección, son las propias emociones internas las que se trasladan a una tercera persona.