Serie sobre los obstáculos kármicos
Al fortalecer la autonomía personal, dejas de mirar compulsivamente el móvil
Al fortalecerse la subjetividad, se deja de pasar el tiempo enganchado al móvil
Para muchas personas, uno de los aprendizajes de la verdadera madurez tiene que ver con cómo entienden su dependencia del móvil: pasar de mirar compulsivamente por ansiedad a obligarse a dejarlo y, después de un proceso de sanación y crecimiento interior, dejar tanto de temerlo como de depender de él. Los vídeos cortos no van a arruinar a una generación, igual que los salones recreativos, las salas de vídeo, los cibercafés y las novelas en internet no arruinaron a quienes nacieron en los años ochenta. «Cómo puede una persona corriente sentir la plenitud innata».
Cuando uno alcanza claridad interior y consolida su visión del mundo, de la vida y sus valores, muchas de las cosas que ve en el móvil dejan de tener interés.
I. Al madurar, muchas personas se dan cuenta de que ciertas cosas no tienen nada que ver con ellas
Antes sentían que sí «tenían que ver» con ellas.
- Un ejemplo típico y curioso son los vídeos de peleas callejeras, boxeo y otros combates: muchos hombres, cada vez que se encuentran con uno, sienten que «tiene que ver» con ellos. Cuando maduran de verdad, piensan: esto no tiene nada que ver conmigo; lo más probable es que nunca me encuentre en una situación así y, si me topo con una escena violenta, lo que me ayudará será mantener la calma y la serenidad, no haber estudiado esos vídeos al detalle.
- Por ejemplo, al encontrarse con novedades de la vida en países de Europa, Norteamérica o Sudamérica, de la vida de algunos estudiantes en el extranjero, de la vida académica en universidades de prestigio, o de la vida, el consumo, los aires y las pretensiones de distinción de ciertos sectores de clase media alta, antes sentían «curiosidad», e incluso que aquello «tenía que ver» con ellos. Ahora se dicen: esto no tiene nada que ver conmigo.
- Por ejemplo, los viajes: también he hecho las paces con ellos. No hay ninguna diferencia esencial entre la puesta de sol sobre una montaña sagrada lejana y la de nuestra pequeña ciudad de provincias; lo fundamental sigue siendo la calma interior y la unidad entre el ser humano y la naturaleza. No dar valor a los objetos difíciles de conseguir: no hace falta obsesionarse con esos paisajes de belleza extraordinaria ni con esos lugares remotísimos; el pequeño parque de abajo ya es muy bonito.
II. Madurar, cerrar y hacer las paces con muchas cuestiones
Hace que uno deje de prestar atención a muchos temas.
Entre las grandes cuestiones están la macroeconomía, la psicología, las relaciones sociales, la familia de origen, la educación, el amor, el trabajo asalariado, etc.
Entre las pequeñas están vivir por temporadas en otros lugares, el tenis, la corrección postural, el ejercicio físico, los postres, etc.
Cuando uno tiene menos cuestiones pendientes, también disminuyen las obstrucciones kármicas y las cosas en las que estas lo mantienen atrapado.
III. Dejar de buscar fuera
Antes, la dependencia del móvil o de internet tenía que ver con la cuestión última de buscar fuera: uno siempre se sentía desorientado, siempre sentía la necesidad de «explorar». Ahora que mi corazón está lleno de luz, ya no busco fuera y tampoco tengo tantas ganas de explorar. Puedo permanecer en el presente sin perderme entre tantas cosas extravagantes y deslumbrantes.
IV. Ahora, al cabo de un rato, siento rechazo
Ni siquiera puedo seguir mirando aunque quiera.
Muchas de las cosas que me aparecen me parecen un insulto a la inteligencia y una pérdida de vida; esa sensación interrumpe lo que estoy haciendo y actúa como una señal de alarma que me recuerda lo extraño de estar mirando el móvil de esa manera. Así que no entro en ese «estado de flujo» de inmersión y dependencia, y dejo el móvil a un lado.
V. Disfrutar de la atención plena
Cuando camino, no me apetece mirar el móvil; prefiero observar la naturaleza que hay junto al camino y sentir cómo camino.
Cuando como, no me apetece mirarlo; siento que rompería el ritmo y el disfrute de la comida.
Por la noche, al acostarme, prefiero presionarme un poco los abdominales, palparme las costillas, hacer algunos estiramientos, dejar que me vengan pensamientos sueltos o reflexionar en serio sobre alguna cuestión; y, mientras pienso, me quedo dormido. Antes, en cambio, sentía que meterme en la cama para dormir era solo el paso previo a ponerme con el móvil.